Entrevista: Ricardo Arriaga de El Camioncito

Por Mecenas Colectivo

el camioncito

Un espléndido comal en impetuoso trabajo nos recibió esta semana en Bazar Fusión. Detrás de él, como el maestro que controla al queso que se derrite y la tortilla que se dora de cada quesadilla, gordita o sope que se cocina al momento, está don Ricardo Arriaga, con una sonrisa sincera y profunda, contándonos sobre El Camioncito y sus 32 años de historia.

(-Le recomiendo la salsa morita, porque es rica y no pica mucho, pero también pruebe la molcajeteada o el guacamole. O si quiere algo diferente, tenemos pesto, chilitos en vinagre o cebollitas con chile manzano. La de árbol está muy buena, nomás que esa sí pica macizo.)

Primero. ¿Qué encontramos en El Camioncito y dónde está?

Es un camioncito estacionado en la media luna camino al Ajusto, a 200 pasos de TV Azteca, a espaldas de la Secretaría del Trabajo. Hacemos quesadillas, sopes y gorditas al comal, sin grasa y con masa de maíz natural. También tenemos carnes (arrachera, tampiqueña, bistec, pollo), camarones, caldito de camarón, aguas frescas (hechas al momento) y unos panquecitos que han hecho felices a muchos.

Cuéntenos su historia en El Camioncito.

Es un sueño que empezó con el trabajo de mis padres hace 32 años. Mi padre era campesino de Guerrero y mi madre de Coyoacán. Juntos pusieron un puesto de comida en un camión que mi papá acondicionó por sí mismo. Ahí comenzaron haciendo gorditas de requesón al comal porque era lo que más le gustaba a mi papá.

Yo empecé a trabajar con ellos a los once años, me gustó y le seguí. Crecimos, cambiamos el comal de 80 cm por uno de 140 cm, contratamos a mucha gente y remodelé el camión. Aquí seguimos y la verdad yo no cambiaría nada de estos años de trabajo.

Hemos logrado muchas cosas. Yo creo que lo más importante y también lo más difícil ha sido ganar clientes. Hoy en día mantener una clientela por tantos años es complicado y nosotros tenemos generaciones completas que van, vienen y siempre regresan. Lo que nos mantiene es el placer de seguir escuchando “uy, qué rica comida”. Eso nos da energía para seguir adelante, trabajando un comal de comida mexicana.

(-Si le gusta la pancita, se la recomiendo en quesadilla, ¿le preparo una?

-A ver, probemos.)

¿Cómo le ha ido trabajando tantos años en la calle?

Es muy difícil estar trabajando en la calle, yo creo que más ahora que antes. Finalmente me sale más caro estar en la calle que si tuviera un local. Y pensar establecerme en un local, todavía no. Mis padres no lo hicieron y tal vez no me toque a mí hacerlo. Tal vez le toque a mis hijos o a alguno de mis empleados continuar y establecerse. Ellos tendrían mi apoyo si lo quieren hacer, pero a mí me gusta así. Yo me quedo. Así me gusta.

Yo creo que la calle es la esencia de El Camioncito. Lo rico es estar parado, comiendo y platicando. Es lo rico de México y lo bueno de la comida de la calle es que nadie se resiste al pasar, se antoja y se disfruta mucho más.

Nos encanta a todos los mexicanos, ¿o no? Comer en la calle es muy de México, hasta las luminarias y los altos funcionarios lo disfrutan.

Además, estamos en un buen lugar, porque hay muchas oficinas y muchas viviendas, pero son clientes difíciles, eh. Son muy exigentes en la zona donde estamos, pero eso nos ha llevado a echarle más ganas y hacerlo bien.

Platíquenos de sus clientes. Los difíciles, los frecuentes, los más raros.

Pues, tengo de todo. Tengo clientes a los que le gustan las quesadillas casi crudas, a algunos les gusta la carne bien cocida, a otros les gustan las cosas súper doradas, hay otros que no comen nada de grasa y como son tan ligeras las quesadillas, sin nada de aceite, por eso vienen muchos del medio artístico.

Uy n’ombre. Cuando empecé jamás creí ver gente que llegara con su escolta y se bajara de sus camionetones a comer a mi camión. Creí que eso sólo pasaba en la tele, pero cuando vi que lo logré con mi negocio, me puse muy feliz.

Una anécdota que le guste contar de sus clientes:

Le cuento tres:

1. Un día me espantaron, estaba yo trabajando y llegó una camioneta de la que se bajaron como 50 elementos de seguridad. Llegaron preguntando por mí, que porque me habían recomendado y pensé que era un asalto, pero no, de la camioneta se bajó el hijo del entonces presidente Vicente Fox a comer quesadillas.

2. Tenía otro cliente que me pedía las quesadillas muy especiales y se las llevaba a una camioneta y decía que eran para “la esposa de nuestro papá”. Lo decía muy serio, muy cortante y a mí me daba mucha curiosidad. Iba muy seguido, hasta que un día, con más confianza, le pregunte: -¿Pues de qué papá me hablas? Y me contestó que era la esposa del presidente la que iba a comprar sus quesadillas.

3. Un día estaba comiendo en El Camioncito Lucía Méndez, los hijos del ex-presidente Ernesto Cedillo y no recuerdo qué otra luminaria. Entonces se acerca uno de seguridad y me dijo: “No te fijes en quién viene, fíjate mejor en quién regresa”. 

Es cierto. No me importa mucho si vienen famosos a comer o no, me importa que quien venga se vaya contento y regrese feliz después. Yo he tenido muchos clientes, periodistas, artistas, gobernadores, procuradores, diputados. Imagínese a mis clientes de ese nivel, comiendo en la calle. Pero para mí todos los clientes son importantes, desde la persona que recoge la basura en las casas hasta los altos funcionarios. Yo los consiento a todos.

¿Quién cocina en El Camioncito?

Antes todo lo cocinaba mi mamá y pues, afortunadamente a mi esposa Rosa Elisa le gustó, aprendió a cocinar con mi mamá y ahora es ella que la que cocina todo.  Podría hasta decir que mi esposa superó a mi mamá y cocina más rico.

Escuché ahorita que son las quesadillas que alegran al corazón porque no tiene grasa.

Sí, lo dijo un amigo. Nos gusta ser benevolentes con la grasa porque mi mamá me decía que comer rico es comer sano. Es algo que hemos hecho desde que comenzamos y mi esposa y yo lo aprendimos muy bien. Además, es algo por lo que nos reconocen nuestros clientes y los papás están felices de que sus hijos gocen comida saludable.

Entonces, ¿la grasa no es necesaria para que sepa rico?

No, yo creo en que comer sano es importante para que sea rico. Increíble, pero cierto. Mi esposa lo cocina todo con aceite de oliva. Está más rico así, aunque claro que se eleva el costo y todo eso, pero finalmente vale la pena. Yo creo que todos nos merecemos comer lo mejor posible.

(-¿Quiere otro sopecito?

-Venga, pues.)

¿Cuál es el encanto del camioncito?

Lo mejor que tiene es el servicio, lo mejor que hay son las quesadillas de camarón.

Pero también estoy muy orgulloso de este comal, porque me gusta que le gente lo vea y observe cómo se cocinan sus quesadillas. El encanto del camioncito está en el antojo y el encanto para mí está en poder platicar con la gente.

Uno de mis secretos es consentir al cliente. Yo no pierdo con las cortesías, al contrario, gano mucho y esa es una actitud muy buena que muchos restauranteros no tienen, eh. Yo por ejemplo siempre tengo fruta, de temporada claro, y se la ofrezco a los clientes mientras esperan un lugar. Lo mismo con los cacahuates sazonados con ajito que tenemos para entretener o el chocolate que les regalamos al final de su comida.

¿Y la exigencia en El Camioncito?

Soy bien exigente conmigo mismo, con mis proveedores y mis trabajadores. Yo no compro ningún producto en $5 pesos menos, no lo necesito. Yo busco buena calidad y lo aprendí muy bien de mi madre. No se me va a olvidar que un día le llevé unos jitomates muy feos, pero muy baratos y me los aventó muy enojada.

¿Le gusta ser cocinero?

Sí, porque yo lo decidí. De joven quería ser abogado penalista y sí me hubiera gustado mucho litigar, pero tuve la oportunidad de quedarme en esto. Me pregunté si quería ser uno de los mejores en la cocina o dedicarme a litigar y escogí. Fue una gran decisión. Hoy hago quesadillas porque esto me tocó y lo hago lo mejor que puedo.

Después de sus 32 años de leyenda, ¿qué le falta por aprender?

En el camioncito he aprendido a conocer y tratar a la gente. Ya sé lo que quieren comer y cómo. Ahora me falta aprender a nunca perder el piso y estar siempre consiente de quién soy, cómo soy y aunque la fama nos alcance, debemos seguir trabajando con humildad, atención y carisma.

Entonces, la fama ya los alcanzó.

(Ríe). Sí, creo que sí. Me han preguntado que si le pago a la gente para que hablen bien de nosotros, pero no, para nada. Es el trabajo el que habla solo. Mucha gente nos aprecia, pero claro que no le caemos bien a todos.

Creo que somos afortunados por tener tanto cariño, para no decir que es fama.

Así como usted heredó al camioncito de sus papás, ¿quisiera que sus hijos también heredaran esto de usted?

Yo quisiera, claro. De hecho aquí están mis hijos (su hija Pamela, es quien cobra y Jesús, el pequeño, atiende a las mesas). A mí me gustaría que mis hijos trabajaran en esto en forma, un local o algo más padre y que sirvieran quesadillas con orgullo, como se sirven las famosas crepas en los cafés franceses.

Es su decisión, yo sólo quiero que estén aquí para que aprendan que sólo trabajando se alcanzan los sueños.

Además ellos me han enseñado mucho, como a tuitear y a responder mails.

(-Chucho, sírvele otro vasito de agua a la señorita, por favor.)

Ya para rematar:

1.

¿Su platillo favorito de El Camioncito?

Una quesadilla de papa con rajas y queso o de chorizo con tinga de res o una de camarón con salsita de morita, aguacate y limón, hasta se me derrite la boca. O el sope tradicional, pero preparado por mí, a mi gusto. Uno tiene diferentes estados de ánimo. A veces andamos con ganas de la tortilla suave o dorada, no siempre es lo mismo.

2.

¿Música para acompañar a su comida?

Putumayo o música chill out en general. Me gusta el álbum que en la portada tiene unos chiles de árbol. Ese es de mis discos favoritos de para acompañar las quesadillas.

3.

¿Dónde está la felicidad?

Al final del día, de la quincena, del mes. Al ver el fruto de mi trabajo y darme cuenta de todos los gustos que me puedo dar. La felicidad es lo que me ha dado mi camioncito: los amigos, (famosos o no), los clientes de antaño y las anécdotas que cuento.

La felicidad está en la gente que dice: -mira, ahí están buenas las quecas, vamos, ¿no?

Al fondo se escucha “Mirando a las muchachas” de IMS y el comal alberga tres quesadillas (de cuitlacoche, hongos y papa con queso), dos gorditas y un sope tradicional dorándose sin prisa en una tarde sin lluvia.

Nos vamos con el itacate listo y ganas de regresar otro día.

 

Acerca de dondecomere

Vivo para comer y para compartir. Ni chef, ni restaurantero, ni muy conocedor. Información por amor a la comida.

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